En Berlín, el voto de castigo debilitó al gobierno del centro y fortaleció a los extremos.
En la elección del 20 de septiembre, Elif Eralp llevó al primer lugar a Die Linke, el partido de extrema izquierda que encabezó. Alternativa para Alemania, de extrema derecha, creció y quedó tercera. Los conservadores y socialdemócratas que gobernaban la ciudad perdieron apoyo. Eralp destacó porque consiguió asociar su candidatura con el problema que más preocupaba a los berlineses: el costo de la vivienda. 

Abogada alemana e hija de exiliados turcos, Eralp hizo de los alquileres el centro de su campaña. Propuso limitar los aumentos en las viviendas de propiedad pública y llevar al control del Estado más de 200.000 viviendas de grandes empresas inmobiliarias. Esta última propuesta es controvertida por su costo y por las dudas sobre su eficacia. En campaña, sin embargo, permitió que los votantes supieran qué quería hacer y qué intereses estaba dispuesta a confrontar. Fuentes: The Washington Post y Reuters.

Su equipo también buscó aprender de la campaña que llevó a Zohran Mamdani a la alcaldía de Nueva York. Dirigentes de Die Linke viajaron para hablar con sus asesores y Eralp se reunió con Morris Katz, uno de sus estrategas. La responsable de comunicación digital del partido reconoció queaquella experiencia los inspiró. En Berlín combinaron voluntarios puerta a puerta con un mensaje concentrado en el costo de vivir en la ciudad. Fuente: The Washington Post.

La elección incorporó además a votantes que antes no participaban: por primera vez, los jóvenes de 16 y 17 años pudieron elegir el Parlamento local. Entre los electores de 16 a 24 años, casi la mitad votó por el partido de Eralp. No hay un dato separado para saber cómo votaron los adolescentes ni para atribuirles la victoria. Pero su incorporación obliga a hablarles como votantes actuales. Para quienes buscan independizarse, poder pagar una vivienda es una cuestión inmediata. Autoridad electoral de Berlín y encuesta electoral.

La candidatura de Eralp reunió una preocupación compartida por distintas edades, una propuesta reconocible y una campaña que transitó del mundo digital a la conversación presencial.  En una ciudad marcada por la crisis de vivienda y el desgaste del gobierno, Eralp consiguió darle forma política a un malestar que la extrema derecha no había logrado monopolizar.

El partido de Eralp ganó la elección, pero todavía necesita aliados para gobernar. Tendrá que negociar precisamente la propuesta que distinguió su campaña. Ahí comienza la prueba de su liderazgo: convertir la expectativa que despertó en decisiones que Berlín pueda llevar a la práctica. Si no consigue avances en vivienda, esa expectativa podría convertirse en un costo político. Fuente: posibles coaliciones.